Lo que se dijeron en esa habitación del hospital se lo llevaron los dos a la tumba. Él fue el único que habló con su hermana después del incendio. Los velaron a los cinco en su habitación.
Dicen que el coche que llevaría a la nena al cementerio no quiso arrancar. No era justo tener que sellar semejante destino. Tuvieron que atar el carro blanco al coche que llevaba a su madre. Y ahí sí, juntitas para siempre, madre e hija partieron sin vuelta para la Chacarita.